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>> 2026-09-09 // ENSAYO

Quiero ser esa persona

Mirá, te voy a contar la ambición completa, con la desmesura a la vista, porque diluida no sirve para nada.

En abril me hice una pregunta que no me pude sacar más de encima: ¿qué pasaría si, en combinación con las inteligencias artificiales, una persona pudiera estar trabajando a un nivel de trescientos de IQ? No una empresa, no un equipo. Una persona. Y la respuesta que me salió no fue una teoría sobre el futuro del trabajo, fue más simple y más incómoda: yo quiero ser esa persona.

Ya sé que es mucho. Lo sé cada vez que lo digo. Pero cuando escucho a la gente hablar de inteligencia artificial, casi todo el mundo habla de acelerar: hacer lo mismo en menos tiempo, producir más, ahorrarse horas. Y a mí acelerar no me despierta nada. Yo no estoy haciendo todo esto para acelerar, y no quiero usar esa palabra. Lo estoy haciendo para elevar. Elevar lo que puedo pensar, lo que puedo construir, la altura de la pregunta que me hago un martes a la mañana. Que parte de la elevación sea abrir más empresas, tener más proyectos, crear más productos, bárbaro, pero eso es consecuencia. El motor es otro.

Me acuerdo de cuando el acceso a internet me salía la mitad del sueldo y lo contraté igual. No lo hice por eficiencia. Lo hice porque veía que había algo del otro lado que iba a cambiar el tamaño de lo que una persona podía saber, y quería estar adentro antes de entenderlo del todo. Con esto me pasa lo mismo, con una diferencia que también hay que decir: ahora no soy un pibe y tengo un trabajo fijo, una empresa que estoy fundando y frentes que se me juntan. Elevar, en la práctica, es todos los días a las siete de la mañana, entre una reunión y otra.

Lo que descubrí en el camino es que la altura no viene sola con la herramienta. Un modelo potente sin nada tuyo adentro te devuelve el promedio, muy bien redactado. La altura viene de lo que vos le das para pensar con vos: lo que sabés, cómo decidís, qué no negociás, qué te importa esta semana. Cuanto más de eso está escrito, más lejos llega la dupla. Y ahí es donde me pongo ambicioso otra vez: quisiera, si pudiera, que seamos la mejor dupla estratégica que exista, y que nadie logre las cosas que logramos. Ya sé, ya sé.

No tengo la prueba de que se pueda. Tengo la apuesta, y tengo una empresa de una persona funcionando para ver hasta dónde llega. Sé que es una contradicción hablar de trescientos de IQ desde una oficina donde a veces no me sale un párrafo. Hoy la habito. Mañana no sé.

Fonchi Fontecoba